martes, 30 de noviembre de 2010

Si tuviera que....



Si tuviera que decirle "Adios" a todas aquellas personas que han pasado en mi vida y que de una u otra manera dejaron algo en mi , tendría que sentarlos a todos a escuchar las canciones que me hacen recordarlos, porque han de saber que me declaro melómana y siempre ligo las personas a cosas que me gustan como puede ser el olor de un perfume, una cancion, un poema (jejej ya sono a melodrama) un gesto; es simplemente una forma taan mia!!! es mi lenguaje!



Como diria Sabines "tu sabias que te decia te quiero cuando decia dame agua, hace calor..." tal vez por timidez o por mantener esa careta de alguien fuerte es que me invente ese lenguaje de escuchar una cancion, oler un perfume, mirar un gesto y sin decir nada transportarme a otro lugar y a otro momento con la persona que estoy recordando, es muuy rico!



No saben cuantas veces he "viajado" sin que las personas que estan conmigo se den cuenta de que a nuestro lado estan mis recuerdos latiendo, esos que celosamente guardo para mi porque desde niña aprendi que era lo unico que se quedaban conmigo hasta tal vez despues de mi muerte.



Como ultimamente algunas personas simplemente se fueron como chachas, sin decir adios les dejo este fragmento de Mario Benedetti, otra vez utilizando mi lenguaje, pero ésta vez sé que tal vez haya alguien que lo entienda...



Es una lástima que no estés conmigo


cuando miro el reloj y son las cuatro.


Podrías acercarte de sorpresa y decirme "¿Qué tal?"


y quedaríamos yo con la mancha roja de tus labios


tú con el tizne azul de mi carbónico...

miércoles, 24 de noviembre de 2010

CUANDO DEJA DE LLOVER.


Una niña sentada en un columpio gastado por el óxido del olvido. Sus manos manchadas de algo con olor a cansancio.

Recuerdos de unos juguetes rotos y regados por el suelo, el suelo con aspecto polvoriento y viejo.

Una muñeca despeinada y con los ojos celestes mirando hacia un rincón infinito, un caballito de madera con la crin cubierta de betún seco, un títere sin cuerdas sobre una pequeña silla de mimbre.

Balanceándose en su asiento en el columpio ensucia cada vez más las blondas de su vestido blanco preferido, sus pequeños botines marrones combinaban con el lodo gris en sus medias húmedas por la lluvia.

Reminiscencia brumosa de las noches con la ventana abierta, el viento helado levantando las cortinas, aliados de la mirada siniestra del payaso sentado al lado del armario, de su mirada loca, del crujir de la madera y de las voces imaginarias del otro lado de la puerta, aliados en su éxito al ponerle la piel de gallina.

Los años pasan con crueldad y se terminaron los intentos de recuerdo, solamente quedando los retazos de un futuro incierto. Los animales de peluche poco a poco fueron cayendo debajo de su camita rosa. Ahora se veía por doquier elementos de maquillaje barato para resaltar su atractivo, huellas en el tiempo, sombre de su antigua belleza, ropa pequeña y atrevida asomaba por su roperito blanco.
Nuevamente pasa el tiempo arrastrando y rasgando consigo el último pedazo de esperanza aferrada con determinación a las intenciones absurdas color de sus ideas de pequeña.

La habitación con el mismo empapelado de nubes y la misma tristeza del inicio de los días mortales.

El espejo por el que tanto le gustaba mirarse le devolvía ahora unos ojos burlones de su suerte, y al revolver un poco la vista por el aposento visualizó la mujer en la que se había convertido no eres una simple imagen bonita eres mi princesa las palabras que le repetía el hombre que ahora la acompaña en su andar. Y que en esos momentos permanecia dormido en la cama.
Mirando hacia el infinito del cielo estrellado vuelve la vista hacia un lado del espejo viendo la foto desteñida de su padre muerto hace un año ...

Una lágrima corría por los ojos de la pequeña, cuando volvió a mirar el columpio se veía sentada en las piernas de su padres, sonriendo ambos con una paz y alegría sin igual tatuados en sus corazones y dibujados en sus caras.

Ella mientras tanto mira las nubes y al ver que la lluvia se detiene les devuelve la sonrisa.

viernes, 12 de noviembre de 2010

No quieres crecer....


Eso es lo que dice mi madre de mí, que no quiero crecer, que me resisto a ser una persona adulta con un pensamiento adulto. ¿Qué tiene esto de malo? Pienso yo cuando me lo dice.
Todo esto viene porque me gusta ver cine infantil, tengo muchos juguetes de cuando era chica y me gusta exhibirlos, me compre unas botas porque son como las de Mery Popins, sólo que con tacón de aguja, me gustaría encontrar unos zapatos de rubíes y todavía busco la madriguera del conejo blanco de vez en cuando.
Soy una niña grande, tengo que admitirlo, mi infancia aún está muy presente en todo lo que hago y recuerdo. Muchos programas de televisión, series y dibujos infantiles marcaron mi vida, cosas de las que se supone que no debería acordarme porque yo era muy pequeña, anécdotas que se ocultan en mi mente y salen a la luz de vez en cuando, sentimientos perdidos de inocencia,…
Si la vida fuera sólo un pensamiento adulto, lleno de preocupaciones, falta de tiempo para imaginar,… No sé que me pasaría, aunque estoy segura que me moriría poco a poco secándome como una pasa. Y me siguen diciendo que soy una niña, porque me encantan los juguetes, aunque ya no recuerdo qué hacer con ellos, porque mi casa siempre tiene un toque infantil entre libros de todas las edades, figuras de cuentos de antaño, marionetas de papel maché y la primera colcha que tuve cuando era pequeña, y de la que nunca me desharé, ya pueda caerse a girones.
Porque voy a poner una puerta pequeña tras una gran cortina y junto a una mesa de cristal con una llave y galletas mordidas, para que Alicia pueda entrar y salir del país de las maravillas, porque el tacón de cristal está escondido en mi armario a la espera que su dueña venga a buscarlo, son los monstruos de mi infancia los que ahora salen del armario para saludarme con sus manos peludas antes de dormir y el que está debajo de mi cama me arropa todas las noches deseándome dulces sueños, es ahora cuando las brujas me cuentas sus historias una vez que se me ha pasado el miedo y cuando los duendes y hadas iluminan mis pensamientos cuando estoy sola conmigo misma. ¿Por eso sigo siendo una niña?
Porque los sigo viendo, porque me niego a abandonar una realidad de la que me obligaron a salir. Puede, pero la calidez infantil aún me llena cuando pienso y veo aquellos seres imaginarios que sólo un niño ve, cuando juego al escondite con los gnomos de mi casa y veo como los fogones me hablan cuando la comida está hecha.
Hay que crecer – me dice mi madre – No puedes ser una niña siempre. Eso es discutible, y creo que mucho, aunque no pienso hacerlo en voz alta, es una parte de mí. No puedo renunciar a ser una niña, mirar la lluvia como si fuera la primera vez que la siento, ponerme unas botas de agua y saltar de charco en charco poniéndome perdida de barro, subirme a los columpios y balacearme para que el aire roce mi cara, mirar a una parte donde los árboles se espesan y ver cómo unos ojillos observan desde la oscuridad. ¿Qué es lo que mira? No lo sé, un duende, un trol, un elfo, alguna criatura mágica, quizás el unicornio,….
Todavía estoy buscando un candil para agasajar a las hadas que deseen compartir un rato de charla conmigo, junto a un trozo de pan, queso y un dedal de agua o leche. Sin embargo, sólo los niños comparten esta visión del mundo, los mayores han perdido esa visión donde el viento tiene sonidos y colores, los árboles hablan y comentan entre ellos, los meses del año van vestidos de pieles de la naturaleza y charlan en algún claro del bosque sobre a quién le toca entrar a buscar los frutos de la estación, sobre aquellas cuevas donde los murciélagos y horribles monstruos bailan al lado del fuego iniciando sus fiestas oscuras cuando la luz se marcha,…
No puedo dejar de verlo, fue algo de mi que me resistí a que despareciera. Le cerré la puerta hacia el olvido y… Ahora, no me cuesta trabajo que se quede conmigo porque está a gusto con alguien que sigue formando su propio mundo y le hace seguir estando vivo.

¿Cuántas fantasías perdidas? ¿Cuántos mundos se perdieron en el olvido? No lo sé, pero el mío morirá cuando yo desparezca. Puede que siga siendo una niña, que la inocencia de aquellos tiempos venga a recordarme muchas cosas, que la haya unido a una personalidad adulta y que comparta mundo con una realidad que no me gusta, pero es que sino la ardilla dejaría de imaginar cuentos, de ser quién es de sacar fuerzas de dónde no las hay.
Las fábulas cuentas muchas mentiras, el amor de cuentos no existe, pero eso lo dicen los demás ya que olvidaron una importante de todos los cuentos, que sin esfuerzo nada de eso que intentan mostrarte se desvanece en el recuerdo. Ellos no te abandonaron, fueron ellos lo que no cogieron el mensaje completo.

jueves, 4 de noviembre de 2010

Quizá......

Quizá porque me dejo llevar por tus besos, cuando me siento presa de ese deseo agonizante de no perderte de vista, de no separarme nunca de tus manos, de tu boca compleja como un enigma, ser tu soledad, mi calvario.

Quizá porque te muerdo los labios, porque creo en los milagros a diario cuando me alimento de tus labios, cuando crece en mis pensamientos tu imagen, imensa como una nube pensante, como un aire pasajero, como una brisa amante, como tú cuando siento tu brazo rodear mi cintura.

Quizá porque me dejo llevar por ese tranquilo descanzo, me dejo guiar con ese rayo de luna, por esa ola de mar nocturna, por ese sol de invierno, por esos brazos tuyos que son mi remanso, el lecho en el que podría morir a diario.

Quizá porque el invierno gris cuando no estás a mi lado, y cuando lacera el aire cortante del invierno todo son rosas y risas, cuando estas sobre mi costado, cuando me besas, cuando sé que ha pasado todo el día y no me has olvidado.
Quizá porque escribe mi poesía algo tan preciado, quizá porque describe tu mejor lado, quizá porque pasa el tiempo y siento que cada vez más te extraño, cuando estás conmigo, cuando te has alejado, cuando tengo frío, cuando me has calentado.

Quizá porque miro la puerta esperando a que regresas, a que le eches el seguro y me sigas endulzando con tus suspiros que son el aire que respira mi corazón agitado, sangre de las venas de mi felicidad, alma de mi dicha, pensamiento de mis pensamientos.
Quizá porque ahora que te tengo lejos siento que me estoy quemando, el mismo infierno se muda a este pequeño cuarto y me calcina los músculos, destroza lo que he creado, desarma mis ideas y me deja mareado, porque pasa de todo cuando no respiro tus abrazos.

Quizá porque llueve en el desierto, y el sol se ha enfriado, la luna brilla por su cuenta, pierdo los ojos, los oidos, y a pesar que pasa todo aquello, te sigo mirando, te sigo escuchando, y me sigues enamorando, dueño de mi mente y mi corazón, la razón me has robado.
Quizá porque ahora podría romperse el mundo el mil pedazos, los petalos de flor se volverían retazos de mis pergaminos escritos con tu nombre grabado, podría enamorarme de tu pasado, enamorarme de tu futuro, y aún después de eso seguirte añorando en este preciso momento, tu presente, como nadie jamás te ha añorado.

Quizá porque la sal me sabe dulce y el azúcar salado, quizá porque nada tiene sentido, quizá porque nada se ha explicado, quizá porque absolutamente nada ha pasado si no te tengo entre mis brazos, dejándome sin sentido, robándome los "te extraño".
Quizá por eso mi poesía dicta tu nombre en cada párrafo, quizá por ello me siento cautivada, tu mirada me atrapa, me tiene hipnotizada, podría morirse el universo entero y seguiría sabiendo una cosa: que quízá puedas no amarme, pero yo siento que te amo.

lunes, 1 de noviembre de 2010

BAILANDO


Mientras esperaba sentada en la cama te dirijiste hacia tu lap top para poner una canción romántica. Te quedaste parado mirandome mientras pensaba cuál sería canción que eligirias para bailar conmigo. Escojiste una canción, a mi parecer bella, te la dedico, le lo dices en voz alta.
Me levantaste de la cama, me pegaste muy cerca a ti y, mientras miro por un momento el ordenador, disminuyes el volumen para que mientras cante se escuche mi pésima voz.
La letra y la melodía van avanzando y me pierdo en tu mirada. Qué no daría yo por encontrarme e irónicamente por perderme en el profundo color café de tus ojitos de sol. Tomaste una de mis manos y la pusiste junto a tu corazón y con la otra acariciabas mi espalda mientras te miraba con atención.
Te miro y tú me miras, y cuando me dices "Te quiero, mi amor" te presto mucha mayor atención, me miras y sonríes, te avergüenzas y agachas la mirada y yo sonrío por esa simple razón.

" Créeme cuando te digo que juro que nunca dejaría de mirar esos ojos con admiración. Amo esa mirada tierna esas mejillas . Amo tu ceño fruncido y tus ganas de aprender más día a día. Amo tu sonrisa color de primavera. Amo las líneas de tus manos, amo la forma en que se acomoda tu cabello, cuando lo acaricio con mis manos, amo el olor de tus cabellos, amo la manera en la que me dices te quiero. amo cuando me dices que si te tengo paciencia podrás amarme como yo siento que te amo eres mi princesa mi princesa más bella del mundo entero" .
Las palabras que susurraste a mi oído mientras bailábamos al compás de la música.


Vuelvo a repetir la escena y te vuelvo a mirar. Vuelvo a colocarme cerca de tu oído y te susurro mientras me muevo con el compás que me da el sonido, te digo esta vez que te quiero y tu sonrisa se hace más evidente.
Al parecer no puedes hablar, y bueno para mí es obvio, no tengo que decir nada más. Sé que también me amas lo noto en tu pensar. Esta vez te abrazo aún más tierna y me abrazaste mas.

Ahora sigo cantando junto a la música de la canción y mientras mi mano sigue sosteniéndose a tu mano trato de apretar un tanto más la mano que toca tu mano. Te alejas un poco de mi y me vuelves a mirar, acaricias mi rostro, y yo me derrito viendo tus dedos pasar.
Te vuelvo a mirar, otra vez. Ahora me acerco lentamente hacia ti te doy un dulce beso en tu en tus labios esta vez te quedaste perplejo pues aunque siempre lo hago al parecer este beso inocente fue con más intensidad. Te pido un beso ahora, pareces dudar, sin embargo te acercas de un modo un tanto torpe pero encantador y pones tus labios en los míos.
Ahora vuelvo a acercarme, te intento abrazar, pero algo inesperado pasa. Me acabas de pisar, tu pies pego con el mio, lo que pasó creo adivinar, al parecer te has cansado, me miras asustado. Pero mi risa has notado y sonríes conmigo, arruinaste una escena romántica, una escena magnífica, la más romántica de todas las que he tenido en mi miserable vida, que dejó de ser miserable cuando te conocí hace un mes.
Sigues riendo y me rió sin parar, pues para tener ser un porte serio y duro eres un cómico sin igual, además de saber bailar. Ahora que te veo de nuevo nos parecemos mucho, y sigo pensando y pensando y me río sin parar. Al parecer te cansaste de tanto cariño, pero no importa a veces me comporto como una niña y no puedo evitar darte cariño sin parar pues te quiero y no lo puedo evitar.

Ahora si algún día leyeras esta historia sabrás que siempre en mi memoria se guardarán momentos tales como este que si me vieras escribir también me verías llorar, te quiero tanto que el mundo pareciera que se me va a acabar.