miércoles, 27 de octubre de 2010

DE LO HORRIBLE A LO QUE ESTA DE MODA....



De vez en cuando no puedo creerme lo que cambian las mentes de la gente con lo que ve en televisión o lo que escucha. Si, ciertamente, los estándares de la moda cambian y, por desgracia, también se manipulan los pensamientos del resto del mundo.¿A qué me estoy refiriendo?




A que hace un año, casi por estas fechas, me puse a buscar árboles de navidad por internet (con la vana esperanza de encontrarlo más barato que en la calle, cosa que no sucedió, pero lo intenté), buscaba sin remedio un abeto, de plástico (la cosa era que me durara varios años) y de color negro, cosa que no encontré y lo que había era calificado en muchas páginas de mal gusto, gótico, tétrico, raro, de gente que no tiene nada mejor que hacer.




En cambio, los blancos estaban de moda, recordaban la “pureza de la navidad”, según algún que otro colgado o colgada (cosa que tampoco me interesó averiguar ya que es un símbolo pagano que no tiene nada que ver con estas festividades), por eso es por el motivo que lo quería poner en mi casa 365 días después de aquello encuentro cientos de colores de estos abetos o pinos o del nombre que quieran ponerle a ese arbolito imitación a la naturaleza.




Pero es que si sale en la tele, lo tiene alguien con dinero y un supuesto gusto, está de moda y ya no tiene ninguna connotación mala (por decirlo de alguna forma) que lo preceda. ¡Está de moda! Simplemente es fashion, y a joderte porque lo que sucedió el año anterior no pasó nunca. Esto me recuerda a una discusión con mi madre sobre la redecoración de mi casa, yo la quiero en negra, roja, blanca, cristal y plata (aunque sea sólo de color) y ella, días antes de ver un programa de decoración, pronunció las palabras oscura, triste, terrorífica y cueva, todo en una misma frase.




También pronunció algo sobre unas cortinas negras que deseaba poner en el comedor, aunque, como están de moda, ahora no parecerá mi casa un velatorio. Y es que hemos pasado de oscura a bonita y luminosa, junto con denominativos de armoniosa, tranquila y moderna. Esta última palabra produce en mí la misma sensación que cuando me introduzco en una bañera con agua helada y cubitos de hielos (ciertamente nunca lo he probado, pero la lipotimia está servida.) Pero es que a mi sólo tienen que decirme que algo está a la moda en una tienda para que no lo compre, igual que otras frases como te hace menos pecho, te disimula el culo o te hace parecer más delgada; los motivos para eso, varios y demasiado retorcidos para explicarlos en este post.




Todo ello, unido a un pensamiento unilateral de que yo sé lo que me pega a mi cuerpo y a la decoración de mi casa, forma un cóctel un tanto explosivo en mi cuando escucho ciertas cosas. Cuando decía que me gustaban las muñecas que tenían un cierto parecido a los monstruos y las buscaba en la juguetería, me miraban las dependientas con forma rara. Ahora, con las monsters higt o como se escriba y la moda de los vampiros jóvenes adolescentes, están bien visto que este tipo de juguete se venda. ¡Ahora confirmo que yo no estaba mal de la cabeza! Ellos han cambiado sus criterios no yo, es más quiero una de esas muñecas para mi colección propia.




¡Qué le vamos a hacer! Lo tétrico está de moda, ya todo el mundo ve bien una decoración oscura para su casa, de buenas a primeras, parte de mis gustos (por fortuna no todos), están de moda y… ¿qué voy a hacer? A provecharme, como de costumbre. La única diferencia es que cuando siga con ello todo volverá a tener esos peyorativos tan mal intrincados en nuestra mente y volveré a ser la de siempre. Por fortuna, y hasta que pase esto, yo tendré la tranquilidad que yo no he cambiado, lo han hecho ellos.

lunes, 25 de octubre de 2010

un cafe.....

Puede que hoy no sea un buen día, aunque no creo que sea mejor que los demás que he pasado últimamente. Mi vida, aquel infierno convertido desde la más absoluta tranquilidad a un caos absoluto.

Todo comenzó hace pocos días, estaba tomando tranquilamente un café en aquel bar de la esquina. ¡Lo odio! Y, sin embargo, cada mañana, aquel suelo pegajoso se incrusta en la suela de mis zapatos haciendo esa especie de chasquido al levantar mi pie; llego a la barra y, en un estúpido intento por llamar la atención del camarero, este siempre me pone lo mismo. Un amargo café, parece que es lo único que sirven en aquel lugar, ni bollos ni nada que se le parezca para acompañar al dolor de estómago de aquel brebaje propio de un rito de brujería.

Puede que fuera un mal día, pero no como el resto de los malos días que acompañan el resto de mi vida, aquella criatura estaba junto a mí. No había nunca a ese lugar, puedo asegurarlo, ese antro no es para visitantes nuevos en la ciudad, a penas cambian los clientes, por eso el único empleado de allí nunca habla con los clientes, sabe lo que quieren y se los pone, no entabla conversación con nadie, pero aquel día lo hizo.

- ¿Qué le sirvo? – dijo la voz más chillona que había escuchado nunca.

- Un café con leche – respondió una voz penetrante justo a mi lado.

Miré de reojo a aquel ser, parecía humano, pero algo en sus ojos me hacía notar que se alejaba mucho de este término.

- ¿Quiere algo? - me dijo sin despegar la vista de la barra y dejando el café en el plato.

- No – respondí cortante -. Nada… - agregué sin creer que hubiera notado que lo observaba.

- El café es tremendamente malo – dijo mientras olía el vaso todavía humeante.

- Si – respondí todavía no sé por qué -. Lo cierto es que no se por qué lo pago.

- Porque le gusta seguir un ritual que no le saque de su vida – dijo volviendo la cabeza hacia mí -. Por que odia su vida y esto le recuerda lo que es día tras día – acercaba su cabeza hacia mí penetrándome con aquellos ojos monstruosos -. Tú eres como este café, un resto malo de una máquina que nunca limpian y que funcionaría mejor si cambiara de oficio.

- Cierto – contesté asombrada.

No podía creerme que le siguiera el juego, le proporcionaba respuestas a todas sus insinuaciones, contestaba a todas sus preguntas y me sentía humillada cada vez que me dejaba a la altura de aquel suelo que sólo se mantenía en pie por la mugre que contenía.

- Puedo cambiarlo – respondió el.

- ¿Eres mi hada madrina? – pude decir por fin sin tapujo, ¿o quizás no?

- Di mejor el genio de la lámpara – dijo acercándose un poco más -. ¡Deséalo!

Y así lo hice, lo pensé con todas mis fuerzas, incluso lo grité a viva voz y, aquí estoy, formando parte de los miles de granos de aquella máquina que sirve café. Mejor dicho, almas muertas como la mía.

Cada vez que se activa, uno de nosotros chilla. El ruido de triturador sigue a esto y el chillido del vapor sale por la máquina.

Yo no deseé esto, aquel genio, es que podía llamarse así, me engañó. Sólo deseaba desaparecer para dejar de sufrir. Sin embargo, ¿dónde van los cuerpos perdidos del mundo? A la máquina de café del infierno donde son triturados y bebidos por otros infelices haciendo que ellos absorban sus desgracias.

¿Debería intentar escapar? No lo sé, no tengo nada que perder aquí, solo soy un grano de café. Sin embargo, aquellas cuchillas todavía me dan miedo.

viernes, 8 de octubre de 2010

Espèrame en el siguiente puerto..


Las cosas importantes para mí no tienen significado, ahora que no estás a mi lado todo se dio por terminado. Hasta ahora los granitos de arena me susurran en silencio tu mirada, la fiereza del mar, antes por mi añorada, me dejan el amargo sabor de tu ausencia; el sol me quema menos y las nubes rechazan su forma y su sentido porque ahora no estás para mirarlas, porque las cosas más inexplicables tienen sentido cuando evoco tu ser, tu sonrisa, tu vida.


Ya hasta la brisa tiene compasión de mí. Ser un navegante en este ondeante valle de lágrimas no tendría sentido si no encontráramos, por fuerza, la razón de nuestro vivir. Y eso eras tú para mí.


Sígueme mirando, donde quieras que estés, mi amado, que todavía no se termina el mundo, ya que "mi mundo" está superditado al número de tus pasos alejándote de mí. Porque cuando miro tus ojos las cosas no parecen tan reales, se me desmoronan los sentimientos y se me rompe el corazón. Saber que tu partida no es más que un asqueroso silencio que me parte el alma en dos, uno para ti y otro para mí. Saber que ahora que el agua, la tierra, tus pasos y mi vida nos aleja hacen que me asuste de saber cuánto voy a vivir con este castigo, porque, al parecer, solamente mi último suspiro me dará la paz que necesito.


Y pues sí, ser un navegante es algo fastidioso, pero un navegante como yo lo es más. Todo el tiempo dejé atrás corazones infelices, caras sollozantes, miradas tristes. Ahora me tocaba a mí ver realmente lo que se siente que te dejen y se marchen a un lugar sin encuentro, un lugar donde ningún mapa revelará su ubicación. Saber que quién espera ahora al regreso soy yo, saber que soportar saber que no estarás.
Sigo mirando el horizonte y mientras siento que te alejas y me alejo no puedo olvidarte, y una lágrima rueda por mis mejillas, y como por cualquier motivo no quiero desperdiciar ni una partícula de tu recuerdo, me bebo la mitad de esas lágrimas, inclinando mi rostro hacia un lado y esperando a que caigan. La desdicha que me embarga hace quiera fallecer a golpes de machete, que quiera ser tragada por el agua que me rodea. La tarde se va dispersando con sus pájaros cantores y las olas entusiasmadas, que en otro momento me hubieran prometido una buena aventura, ahora solamente me dejan la desdicha de saber que nunca más el mar será mi motivación, porque ahora mi motivación es la tierra que pisaste, la tierra que nunca más pisarás, el lugar del cual te alejas y nunca volverás, ya nunca volverás.


Maldito anochecer, porqué tuviste que llevártelo. Sigo con la mirada fija hacia el sol que desaparece y ahora mis gemidos son más sonoros. Mi corazón agonizando pide a gritos que vuelvas a buscarme, que vuelvas a tocarme, a besarme, y miro hacia lo lejos a ver si por algún motivo olvidaste algo y te acercas a preguntarme. Buscando a tientas en la oscuridad, pruebo y me desespero, a ver si por algún sortilegio macabro vuelvo a tenerte cerca mío, pero la mente no me deja ser feliz, y ni aun por compasión me deja volver a sentirte, no me deja saber si tú también estás triste. Las lágrimas no me dejan ni mirar y siento que me duele el corazón, que me duele en realidad el cuerpo en su totalidad, porque me prodigaste tus caricias sin pensar, sin reclamar. Ahora mi humanidad responde a este dolor del alma y el corazón, se compadece de ellos y comparte su dolor. Mañana por la tarde volveré a esta parte de mi barco, a ver si todavía puedo recordarte saludando a lo lejos con tu sonrisa, con los brazos abiertos diciéndome que nunca más me dejarás ir la próxima que vuelva. Hubiera esperado más por parte mía para cumplir también una promesa similar a la tuya. Porque desde la primera vez que te fuiste y nos lo prometimos siempre hubo un vínculo que nos mantuvo cerca, algo que siempre hizo que volvieras, ahora que volviste por última vez las cosas habían cambiado, todo estaba predestinado. Ahora la noche nos aleja aún más de nuestro encuentro. Pienso que ahora debería estar muerta, ya que este dolor es insoportable, la noche es tediosa recordándote, las ojeras que llevo por trasnochar son mi testigo.


Tus manos maltratadas por tanto trabajo y esta estúpida vida, esta maldita vida, que sólo nos dejó ese incómodo sonido en el oído, el de un barco zarpando detrás mío. Prometo buscarte en el siguiente puerto, y en el siguiente y en el siguiente, y prometo que voy a quedarme como estoy, quizás de este modo las cosas vuelvan a ser como antes, quizás de ese modo vuelvas a buscarme, y me esperes en el siguiente puerto. Quizás ahora que no puedes escucharme algo en tu ser te llame a encontrarme. Quizás ahora puedas ver cuánto sufro por tu ausencia y quieras venir a consolarme. Pero si puedes escucharme , espérame en el siguiente puerto y prometo no marcharme, ¿no ves que mis ojos de desangran buscándote?


Sigo mirando al horizonte y no quiero vivir sin antes encontrarte. Espérame en el siguiente puerto, que aunque para mí sea el último en esta vida, prometo no volver en mi partida de ir a buscar. Espérame en el siguiente puerto que si la vida tiene que costarme, por ti me muero para que en la otra vida pueda abrazarte. Como tu bien sabes la vida tiene muchas paradas y una de ellas es la definitiva. Ahora que me lanzo al mar en tu búsqueda espero que cuando el agua salada sofoque mis pulmones y el frío de la noche me arrebate lo que me queda de tranquilidad, en mi agonía te pueda encontrarte, porque tú eres mi puerto final.