Un límite, una mala palabra, por lo menos para mi. Es una cosa que nunca me ha gustado escuchar, aunque es cierto que todos tenemos un punto donde nuestros nervios explotan y se nos acaba la paciencia, el amor, la bondad, el ser bueno, el odio, la envidia, el miedo, el querer llegar a algo, el cansancio,… Sí ciertamente todo tiene un punto álgido y otro mínimo, pero también es cierto que los podemos alargar un poco con algo de paciencia y fuerza de voluntad. La cual también se nos acaba llegado un límite.
Fastidiosa conclusión ¿verdad? Yo nunca he llegado a comprenderla y eso que tanta retórica es mía y de unos cuantos más, pero nadie me la ha contado para ponerla aquí. Ciertamente todos tenemos un punto de inicio y algún que otro que nos hace desistir, mandarlo todo al diablo (o por donde más te guste) y empezar con algo totalmente nuevo, que llegará a buen puerto o no, dependiendo por completo de lo que estés dispuesto a perder por el camino o si tu balanza de ganancias es mejor que le pérdidas.
“Todo tiene un límite”- una frase popular y hecha, que todo el mundo salta, exhala, dice o nombra, cuando no es capaz de realizar algo o ve a otra persona, que ha superado unas expectativas y se ha rendido algo más por encima de lo que tú harías normalmente. Mi respuesta es puede, pero no lo creo así, soy de un pensamiento muy distinto. Todos tenemos manos, piernas, cuerpo, ojos, mente, imaginación e inteligencia (aunque esto último lo digo con un poco de reticencia al respecto)
¿Qué es un límite personal? Un lugar o línea que no estás dispuesto a cruzar porque te da miedo intentarlo. No todos valemos para tocar el piano como Mozart, el violín como Moha, escribir como Cortázar, pintar como Velásquez o esculpir un David (que supuestamente es el hombre perfecto, pero yo lo dudo mucho, ya que le faltan muchas cosas, entre otras vello corporal y tamaño del miembro viril. Aunque yo no soy crítica de arte y mi modelo masculino de hombre no es el de todas las mujeres.)
Volviendo al tema, puede que no lo hagas, pero si que aprendas, de una forma creativa o imitativa, que no llegues a su nivel, pero que seas capaz de hacer algo decente. Pero nos da miedo o somos vagos. Entre nosotros, dejé de tocar el violín porque era muy vaga para ponerme a ensayar; y eso que decían que tenía futuro. Lo cierto es que me gustaba más escuchar la música que producirla. Pero lo hice durante dos largos años, toqué en una orquesta y…. No me gustó, conclusión del todo ello, lo dejé volar dentro de mis conocimientos para dejar paso a otro que, a mi parecer, eran más fructíferos. También empecé con las técnicas de pintura y, cuando aprendí lo que deseaba, vi que lo único que me dejaba hacer el profesor era copiar cuadros y no me dejaba expresar mi creatividad, lo dejé y continué yo sola mi camino. Me gusto pintar y expresarme por ese medio, es algo a lo que siempre vuelvo y me gusta, pero no tenía ambiciones con ellas, el profesor era una especie de endiosado y yo me negué a seguir pagándole la manutención.
¿Llegué a mi límite con ello? No, simplemente conseguí lo que deseaba. Entendía algo de música (todavía me acuerdo de cómo hacer sonar algunos acordes), comprendí las diferentes técnicas de pintura y seguía sin entender algunos cuadros. Pero en todo ello me aburrí porque había conseguido lo que deseaba con cada una de estas cosas, me dijeron que podía llegar a ser alguien en esos mundos. Quizás lo hubiera sido, el caso es que no me arrepiento y tampoco conocí mis límites. Por un lado porque yo no me los puse, mi mente me dijo que había cosas que me interesaban más, y, por el otro, nadie es pitonisa para poder decirme a mí lo que puedo o no lograr en esta vida.
Las personas cambian y los intereses con todo esto, pero mi curiosidad no se murió con la decisión que tomé. Y lo mejor de ello, es que sigo sin conocer hasta dónde puedo llegar. ¡Eso es lo mejor de una persona! Cuando no conoce el lugar oculto de esa línea que te dice lo que puede o no puede hacer, dónde empieza la realidad y lo que se confunde con pura imaginación. Mi meta, la pongo yo, me aburro en el camino y descanso bajo un árbol de suelo mullido y hojas frondosas, ¿retomaré ese camino o algún que otro sendero llamará mi atención? Eso es lo que desconozco, al igual si ese nuevo paraje se bifurcará en otros muchos y algunas de esas sendas me retomen de nuevo al lugar donde lo dejé en otro lugar.
Todavía no he visto el final de lo que puedo llegar a conseguir, lo que puedo llegar a hacer. Perezosa sé que seré con algunas cosas, pero con otros puedo llegar un pasito más adelante. Cuando me agote, descansaré por un tiempo indefinido y después volveré a tomar mi camino, mis gustos, mis aficiones, mis intereses. Todavía no estoy interesada en caerme por el abismo de mis propios límites, aunque tampoco he sido capaz de ver dónde se ubican.
lunes, 17 de enero de 2011
lunes, 3 de enero de 2011
lo nuevo lo viejo, Me gusta lo antiguo..
Como siempre, llega el fin de año, las promesas incumplidas, un nuevo calendario en la pared, nuevas ideas, nuevas expectativas, proyectos y, sin embargo, todos acabamos continuando aquello que empezamos hace ya mucho mucho tiempo y que nunca nos ha dado por finalizar.
La gran promesa de este año terminar la decoracion de mi casa, o me pondré con aquel libro que nunca terminé y del que sólo escribimos tres capítulos (algunos sólo tienen la idea en la cabeza), dejaré aquel vicio tan feo o perderé unos kilitos de más. El único motivo que tiene para ello es que llega el 31 de diciembre y que el día siguiente es el día 1 de enero, que solamente suma un número más en el año. El resto de la vida sigue igual: tienes que volver al trabajo, a los estudios, continúas en el mismo sitio que hace unas horas y no has hecho nada por ese régimen o en la eliminación del hábito que te está perjudicando. La excusa perfecta es que mañana empiezo, y, por supuesto, aquello que te hizo decir eso en voz alta a penas hace doce horas, se ha esfumado como el humo de la candela cuando se apaga.
Por lo tanto, yo voy a hacer lo de todos los años, no prometer nada de nada, porque mi año nuevo no empieza el día uno de enero, sino más bien un poco ya avanzado el verano, porque me niego a prometerme cosas a mí misma que no voy a cumplir y a engañarme con promesas de una nueva vida, por la que ni siquiera me voy a esforzar en conseguir.
Los deseos son así ¿verdad?, algo que esperas que se cumpla o que venga solo, que un día te llamen por teléfono, toque tu timbre o te lo encuentres por la calle sin ni siquiera haberte preocupado por buscarlo. ¿Cuánta gente ha perdido oportunidades por no querer mirar?
Este año he hecho lo mismo que los anteriores, intentar ser lo más feliz que he podido, he realizado hazañas arriesgándome lo menos posible y, cosas de la vida, me ha salido bien. Ya hace casi dos meses que vivo nuevamnete sola sin casi recursos, lo siguiente fue tener una pareja todo ha salido bien, demasiado, tanto que todavía no me lo creo.
Ciertamente me gusta meterme en berenjenales, como dice mi madre, tras terminar de organizar todo aquello dejó de gustarme mi casa, aquella a la que me había ido a vivir y que estaba a gusto de todos los inquilinos que habían habitado en ella, al principio me conformaba con ello, pero decidí dar una vuelta más de tuerca y cambiarlo todo. Pero ¿cómo? No contaba con efectivo para tanta reformas, menos aún con ganas de buscar y buscar para encontrar algo que medianamente me convencía para colocar, y como siempre pensé en algo que me decía mi madre cuando le pedía algo: “Si no tengo ¿Qué hago? ¡Lo pinto!” Esa era la respuesta, pintarlo o crearlo de la nada, algo de alambre, un poco de pintura, retales de tela, una máquina de coser, visitas a las tiendas de saldo para buscar algo que pudiera transformar y muy poco dinero, era con todo lo que contaba. Así que me puse manos a la obra. Nada de cuadros caros para decorar, posters de películas, firmadas por sus directores o no, cuadros pintados por mi, rosas secas (que ahora estoy pintando y que yo misma transformé en algo un poca más duradero que lo efímero), retales de cortinas y restos que tenía mi abuela, sábanas bajeras de color oscuro que no utilizo, algo de hilo y alambres, ahora no parece lo que son realmente.
Hace poco me sentía como Alicia en el jardín de la reina de corazones, cuando pintaba las rosas de otro color, Eduardo manostijeras convirtiendo algo sin formas y soso en otra cosa diferente y sacando sus formas,… Aunque también me he sentido como un científico loco inventando y cavilando cómo hacer esto o aquello de forma original. Pronto seré un pintor de vidrieras que busca las formas y el color en un anodino cristal traslúcido o un carpintero que hace un mueble de encargo. ¿Quién sabe?
El caso es que este es mi cometido desde hace unos meses, no va a terminar con el fin de año, no me voy a prometer correr para acabarlo lo antes posible, no me daré bulla por verlo todo listo. No hay tiempo, y tampoco se consigue nada corriendo, sólo que nada salga a tu gusto.
Aunque puedo decir lo que me espera este año: seguir con mi vida de siempre, estudiar mucho, entretenerme lo mejor que sepa, seguir inventando cosas, restaurar todo lo que se me antoje, buscaré cosas nuevas, no me lamentaré de no llevar una vida a todo lujo, me esforzaré por ser feliz y hacer feliz a los que me rodean y, sobre todo, no voy a hacer promesas incoherentes con mi forma de ser, quedarme sentada en un sofá esperando que la buena fortuna toque a mi puerta, buscaré mis propias oportunidades y, sobre todo, llevaré mi vida como mejor me parezca, aunque eso me cause berrinches y se me haga cuesta arriba de vez en cuando.
No puedo prometer no cambiar, seguir una forma de vida premeditada, conformarme, no pelear por lo que creo, vivir conforme dictan los demás, ponerme al día con los cotilleos, o dejar de escribir, aunque ahora lo haga muy de vez en cuando. Mi esencia no cambia, pero el olor de puede variar dependiendo del viento que guíe mi vela en ese momento.
Para los que si lo celebran, feliz año nuevo, para los que no, que continúen como hasta ahora, o no, y, para el resto, nos seguiremos viendo por estos lugares recónditos del multiverso, aunque sea de tarde en tarde.
La gran promesa de este año terminar la decoracion de mi casa, o me pondré con aquel libro que nunca terminé y del que sólo escribimos tres capítulos (algunos sólo tienen la idea en la cabeza), dejaré aquel vicio tan feo o perderé unos kilitos de más. El único motivo que tiene para ello es que llega el 31 de diciembre y que el día siguiente es el día 1 de enero, que solamente suma un número más en el año. El resto de la vida sigue igual: tienes que volver al trabajo, a los estudios, continúas en el mismo sitio que hace unas horas y no has hecho nada por ese régimen o en la eliminación del hábito que te está perjudicando. La excusa perfecta es que mañana empiezo, y, por supuesto, aquello que te hizo decir eso en voz alta a penas hace doce horas, se ha esfumado como el humo de la candela cuando se apaga.
Por lo tanto, yo voy a hacer lo de todos los años, no prometer nada de nada, porque mi año nuevo no empieza el día uno de enero, sino más bien un poco ya avanzado el verano, porque me niego a prometerme cosas a mí misma que no voy a cumplir y a engañarme con promesas de una nueva vida, por la que ni siquiera me voy a esforzar en conseguir.
Los deseos son así ¿verdad?, algo que esperas que se cumpla o que venga solo, que un día te llamen por teléfono, toque tu timbre o te lo encuentres por la calle sin ni siquiera haberte preocupado por buscarlo. ¿Cuánta gente ha perdido oportunidades por no querer mirar?
Este año he hecho lo mismo que los anteriores, intentar ser lo más feliz que he podido, he realizado hazañas arriesgándome lo menos posible y, cosas de la vida, me ha salido bien. Ya hace casi dos meses que vivo nuevamnete sola sin casi recursos, lo siguiente fue tener una pareja todo ha salido bien, demasiado, tanto que todavía no me lo creo.
Ciertamente me gusta meterme en berenjenales, como dice mi madre, tras terminar de organizar todo aquello dejó de gustarme mi casa, aquella a la que me había ido a vivir y que estaba a gusto de todos los inquilinos que habían habitado en ella, al principio me conformaba con ello, pero decidí dar una vuelta más de tuerca y cambiarlo todo. Pero ¿cómo? No contaba con efectivo para tanta reformas, menos aún con ganas de buscar y buscar para encontrar algo que medianamente me convencía para colocar, y como siempre pensé en algo que me decía mi madre cuando le pedía algo: “Si no tengo ¿Qué hago? ¡Lo pinto!” Esa era la respuesta, pintarlo o crearlo de la nada, algo de alambre, un poco de pintura, retales de tela, una máquina de coser, visitas a las tiendas de saldo para buscar algo que pudiera transformar y muy poco dinero, era con todo lo que contaba. Así que me puse manos a la obra. Nada de cuadros caros para decorar, posters de películas, firmadas por sus directores o no, cuadros pintados por mi, rosas secas (que ahora estoy pintando y que yo misma transformé en algo un poca más duradero que lo efímero), retales de cortinas y restos que tenía mi abuela, sábanas bajeras de color oscuro que no utilizo, algo de hilo y alambres, ahora no parece lo que son realmente.
Hace poco me sentía como Alicia en el jardín de la reina de corazones, cuando pintaba las rosas de otro color, Eduardo manostijeras convirtiendo algo sin formas y soso en otra cosa diferente y sacando sus formas,… Aunque también me he sentido como un científico loco inventando y cavilando cómo hacer esto o aquello de forma original. Pronto seré un pintor de vidrieras que busca las formas y el color en un anodino cristal traslúcido o un carpintero que hace un mueble de encargo. ¿Quién sabe?
El caso es que este es mi cometido desde hace unos meses, no va a terminar con el fin de año, no me voy a prometer correr para acabarlo lo antes posible, no me daré bulla por verlo todo listo. No hay tiempo, y tampoco se consigue nada corriendo, sólo que nada salga a tu gusto.
Aunque puedo decir lo que me espera este año: seguir con mi vida de siempre, estudiar mucho, entretenerme lo mejor que sepa, seguir inventando cosas, restaurar todo lo que se me antoje, buscaré cosas nuevas, no me lamentaré de no llevar una vida a todo lujo, me esforzaré por ser feliz y hacer feliz a los que me rodean y, sobre todo, no voy a hacer promesas incoherentes con mi forma de ser, quedarme sentada en un sofá esperando que la buena fortuna toque a mi puerta, buscaré mis propias oportunidades y, sobre todo, llevaré mi vida como mejor me parezca, aunque eso me cause berrinches y se me haga cuesta arriba de vez en cuando.
No puedo prometer no cambiar, seguir una forma de vida premeditada, conformarme, no pelear por lo que creo, vivir conforme dictan los demás, ponerme al día con los cotilleos, o dejar de escribir, aunque ahora lo haga muy de vez en cuando. Mi esencia no cambia, pero el olor de puede variar dependiendo del viento que guíe mi vela en ese momento.
Para los que si lo celebran, feliz año nuevo, para los que no, que continúen como hasta ahora, o no, y, para el resto, nos seguiremos viendo por estos lugares recónditos del multiverso, aunque sea de tarde en tarde.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)