
El cielo era azul tan azul como el mar, que se hacia presente con el estruendo de sus olas, el viento jugueteaba con su larga cabellera, a unos cuantos pasos de donde se encontraba parada estaba la casa que compro años atras, aquella casa a la que había convertido en su refugio, la misma a la que lo trajo el primer verano que pasaron juntos después de que juraron que se amarían hasta que la muerte los separara, recuerdo que estabas ansioso por conocer mi refugio, apenas y bajamos del auto y me preguntabas ardillita así la llamaba el cuando supo que su hermano la llamaba así de cariño, cual es la casa? y te lleve caminando hasta la playa te señale con mi mano aquella casa de muros blancos y palapas, esa amor esa es nuestra casa, la miraste con detenimiento, miraste hacia el mar, planeaste juegos en la arena, tardes de diversión absoluta, y me convenciste de no deshacerme de ella te abrace y te bese. Y me prometiste que cada verano regresaríamos a vacacionar en ella.
Varios veranos habían pasado ya desde esa vez, ella miraba la playa y los recordaba uno a uno aquellos veranos, la primera vez que le mostro la habilidad que tenia para surfear, del cual solo le quedaban los recuerdos y las tablas en el portico de la casa, pues le prometió dejarlo a cambio de que el dejo el cigarro, pues tenían que cuidar de sus vidas para pasar mas tiempo juntos ya que la vida de ella dependía de la vida de el, y la de el de la de ella, atravez de los años gracias ala confianza que el le brindaba había dejado los miedos que siempre la perseguían, las inseguridades porque a su lado todo era seguro, la aversión que le tenia alas multitudes, pues el siempre la sujetaba de la mano y la abrazaba para protegerla cuando ella se sentía temerosa, ambos se apoyaban cuando los tiempos eran difíciles como siempre se lo prometió, ella ya no era la misma joven inquieta, diez años habían pasado por su cuerpo, alrededor de sus ojos ya se distinguían una pequeñas marcas de la edad había descubierto dos cabellos blancos escondidos entre su cabellera, se tomaba el vientre y recordaba los cuatro hijos que había engendrado, los cuatro hijos del amor de su vida, los que tanto planearon y en esos días ya habían logrado, tenia una familia grande, con la que siempre soñaron los dos, diez años pensaba ella y cada día que pasaba lo amaba mas, cada día se profesaban el amor que se tenían, cada día aquella pandilla de ardillitas que tenían les pedían que les contaran su historia de amor, como ambos superaron la distancia y como sus familias creyeron en ese amor que se tenía, lo maravilloso de su primer encuentro, y como una vez que sus vidas se unieron jamás se separaron. Sonreía y recordaba una vieja canción la misma que años atrás describía su primer encuentro, los veranos pasaban y antes de regresar a su casa de piedra y madera que juntos construyeron cerca del bosquecito que el le mostro, la primera vez que estubo en su pais y del que ella se enamoro al verlo por primera vez, aquella la tarde que comenzaron a costruir su nuevo refugio, su república independiente como el la había nombrado años atrás, ahora la casa al final de la playa era uno mas de los testigos de su fiel amor, de la familia que formaron , de los juegos de playa, de las tardes que pasaban construyendo castillos de arena, de las risas de sus hijos, de las cenas románticas que le preparaba ella cuando los niños dormían, se sentía plena, feliz, mas enamorada que nunca, sonrió y miro como a lo lejos aquella sonrisa que la cautivo años atrás era el que la llamaba junto a cuatro personitas para que se uniera con ellos a seguir construyendo castillos de arena en la playa. Ella corrió a su encuentro, lo miro fijamente a los ojos y le dijo TE AMO VIDA MIA, al tiempo que sus ojos se nublaron, el la abrazo le dio un beso, y sus ardillitas se unieron al abrazo de ellos. Ahí sintiéndolos junto a ella, suspiro y sintió que su mundo estaba completo. Pasando unas vacaciones mas de verano en su casa de playa. con el amor de su vida y sus ardillas.
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