sábado, 22 de agosto de 2009

Esta suma debería ser igual a cero..

Otra vez aquí, esperando. Camino de la computadora ala tienda y me revuelco en el sillón en el que leo. Acaricio a mi perro y lo saco a pasear si me mira a los ojos. La sandia en el vaso de agua fresca me sonríe y dejo que me seduzca. En la casa de a lado tienen fiesta desde que inicio la epidemia de influenza. Como pocas veces, me fumo un cigarro. Ya le di dos vueltas a los periódicos. Ya vi que en la tele anunciaron tres refritos, cuatro churros y el noticiero, que es como todo lo anterior pero más decepcionante. El libro que abrí es el mismo de ayer, paginas antes. Apagué el celular pero no pude resistir: volví a encenderlo.
La lata de coca-cola de dieta que me tomé ayer me observa desde hace rato dar vueltas en el sillón, y sin hacer un gesto se lamenta más que yo por esta penumbra. Escribo una palabra y me pongo contenta porque tengo con quien platicar. Las palabras tienen forma de hombre, no importa si empiezan con te, con mar, con eme, con ne. Imprimo esa palabra al centro de una página en blanco para escuchar un ruido diferente al mío. Lo recuerdos llegan a mi mente y sonrió y muevo la cabeza. Me alegro también porque un cerillo nuevo enciende la punta roja del mi tercer cigarro. Deposito cerillos en el cenicero como sin darme cuenta, para que suceda. Y lo aprecio.
El amor tendría que sumar menos dos. El amor debería ser cualquier cosa menos la espera. El amor es todo lo que hace daño.
Escojo fruta y se pudre mientras pienso en ti. Tengo en el refrí solo pan, leche, huevos, jamón y mostaza, porque pienso en ti. Voy a mi oficina porque pienso en ti, y si ya no quiero estar allí, también. Por que te pienso me despierto en las mañanas y me visto, me cepillo el cabello y respiro. Tomo un taxi o mi auto y observo por la ventana porque estarás por allí. Llegas en cada correo electrónico, eres el único espam que aprecio y la primera foto que se carga en mi computadora.
Vuelvo a casa porque pienso en ti. Pido una pizza pues no tengo ganas de cocinar, quiebro unas nueces porque pienso en ti, pongo palomitas de maíz en el microondas porque tu nombre suena en la matraca de maíces reventando. Cierro la puerta de mi habitación despacio para no despertar a mi hermana, que llego cuando yo no estaba. Pienso en ti y agarro fuerzas para volver otra vez al sillón en el que leo, ala computadora, ala tienda, ala tele que es boba, al mismo libro de ayer, a los periódicos, a mi vida porque es una rutina porque le da método ala esperanza. Quédate quieto: deja que se nos haga tarde este día, (como ayer y antier y los días previos).
La suma de los recuerdos debería ser igual que al olvido. Pero no.

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