jueves, 13 de agosto de 2009

lagrimas en Puerto Vallarta....

Lo he escrito en algún momento de mi vida: la muerte se equivoca se lleva los que amamos. Sucedió con mi abuela. ¡Un año ya de su fallecimiento! Qué rápido y que terrible. La extraño mucho. La necesito. Quisiera darle un beso, acariciar su blanca cabellera. Me gustaría escuchar su voz. Me encantaría volverla a ver, como si regresara de un viaje. No se puede y es doloroso, tristísimo. Quisiera conversar con ella, hacerla participe de mi felicidad, decirle que sus palabras me dieron ánimos para seguir en busca de lo que yo creía perdido, contarle que encontré aquella luz, de la que tantas veces me hablo. La que hoy alumbra mi camino, que ya no estoy triste, que ya sonrío de nuevo. Hace un año que bese su mejilla por última vez. Hace un año que la velamos y la incineramos, y que lloro sin que nadie me vea. Hace un año que esparcimos sus cenizas en Puerto Vallarta. En aquel mar que tanto amo. Hace un año que prometimos regresar cada aniversario de su muerte a este puerto para recordarla, festejarla, agradecerle haber sido una madre estupenda, una abuela consentidora, la mejor. Con ella se confirma aquello de que como Dios no puede estar en todas partes, inventó alas madres (o viceversa: como las madres no pueden estar en todas partes inventaron a Dios). Fue una buena mujer, trabajadora, honesta, amorosa, bella, que ocultó muy bien con su sempiterna sonrisa las angustias propias de la existencia. Aun ante la proximidad de su muerte mostro una entereza que admiro y que espero copiarle algún día. Así la recuerdo con la fuerza, con esa risa, sentada fumando y escribiendo, un año después en su querido Puerto Vallarta. A pesar de que los días nublados y lluviosos parecían reflejar nuestra tristeza y también la de ella. Hay días en que recuerdo lo que me decía cada que mi mirada se perdía: Bibiana, el pasado es eso pasado, déjalo morir, no le reclames a dios por lo que sufriste, solo a los fuertes el les pone barreras que pueden vencer y tu las has vencido todas, no te derrumbes. Abuela como me hacen falta tus consejos, extraño aquellas tardes en las que sentadas en la arena del mar me contabas todas tus anecdotas, extraño tus abrazos, esos que me hacian sentor protegida. hace un año ya que una parte de mi se murio contigo te amo viejita y siempre estaras a mi lado. El domingo voy a Puerto Vallarta con la familia, a ella le gustaba preparar grandes comidas y disfrutaba vernos sentados en la mesa, disfrutando de sus guisos. Ahora comeremos y beberemos a su salud.

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